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La Siempreviva (Leyenda Maya)

Cierta tarde después de la lluvia que a veces cae en verano, a las faldas del cerro Kinich Kakmó, caminaba por la zona muy tranquilo un lugareño quien escuchó una vocecita, que en forma dulce decía: «¿Eres tú Balám?» Atónito, miró a su alrededor pensando que era una imaginación suya, pero la pregunta se repitió y para su asombro, la voz salía de una flor silvestre llamada siempreviva que se hallaba a sus pies. Por si no lo sabes la siempreviva es una de tantas variedades de flores que crecen en terrenos escarpados y zonas accidentadas como acantilados y terrenos rocosos donde las condiciones de vida no son aptas para otras flores; su habilidad para almacenar agua en sus gruesas hojas les permite vivir en lugares rocosos y soleados, y aunque parece una flor frágil soporta muy bien vientos y tempestades.

Solo por curiosidad aquel hombre le contestó: «¿Quién eres que me llamas por un nombre que no es el mío?» A lo que la voz le respondió: «Entonces, tú no eres mi Balám, ni me conoces, pero si me escuchas te contaré mi historia y quien soy…»

La vocecita le contó: «Yo era una sacerdotisa del templo de Itzamaltul, hija de un principal; había hecho el voto de castidad que mi condición me exigía, lo que significaba que mi amor sería para mi dios y no para un mortal. Durante una ceremonia del juego de pelota conocí a un valiente guerrero de nombre Balám… nos enamoramos, pero de un modo u otro esto llegó a oídos de mi padre, hasta sorprendernos en una de nuestras entrevistas de amor.

Como castigo nos impuso, a mí, ser sacrificada a los pies del dios rojo «Kinich», y a él, presenciar el sacrificio al pie de la escalinata del mismo.

El trágico día para cumplir la condena llegó. Recuerdo que me pintaron y vistieron, como quienes mueren al pie del dios, como un sueño recuerdo que fui llevada y colocada en el templo del dios Kinich, ante la mirada desesperada de mi Balám para cumplir su sentencia. De repente sentí un profundo dolor al ser mi pecho desgarrado, pero mi corazón aún palpitante se arrebató de  las manos del sumo sacerdote y rodando por las escalinatas del templo llegó a los pies de mi amado Balám, quien escuchó de mí: Tómame, soy tuya,

El huyó conmigo en sus manos a esconderse, sin que nadie osara impedirlo y a la claridad de una noche de luna llena me trajo a enterrar a los pies de este templo.

Ofreció volver por mí, y lo he esperado muchas lunas llenas pero mi Balám todavía no llega»

Lo sobresaliente de la siempreviva es que mantiene su aspecto hasta un año sin agua, conservando los colores y formas.  Tal parece que aunque frágil, esta flor tiene la suficiente fuerza interna para soportar las adversidades, y ahora que conocemos su leyenda sabemos qué la motiva a sobrevivir a las adversidades del clima y del terreno: la siempreviva espera por su Balám y se mantiene hermosa solo para él.

Emocionado y conmovido por la triste la historia, el lugareño acercó sus labios para besar a la florecita y en su interior vio brillar una gota… ¿Sería de la lluvia anterior? o ¿Sería una última lágrima que la siempreviva derramaba por su Balám?… ¿Quién lo sabe?