El Lago Titicaca (Leyenda, Bolivia)

Cuenta la leyenda que hace miles de años, al norte de lo que hoy es Bolivia y al sur del actual Perú, hubo un hermoso valle, muy fértil, rodeado de montañas altísimas. En él vivía un pueblo feliz y sin preocupaciones, ya que los dioses de las montañas, llamados Los Apus, les proporcionaban todo lo que estos hombres necesitaban para vivir: alimento, agua, abrigo, e incluso protección de cualquier clase de peligro, por lo que los habitantes del valle vivían libres de angustias.

Sin embargo, aunque Los Apus habían puesto al alcance de los hombres muchas cosas buenas también les impusieron una sola restricción, muy simple y fácil de cumplir, y esta era que ningún hombre (o mujer) debía escalar jamás la montaña donde ardía el fuego sagrado.

El pueblo siempre había obedecido los mandatos de los dioses, después de todo, no había razón para desobedecerles pues no necesitaban nada que no tuvieran. Sin embargo, el diablo desde su trinchera por cientos de años estuvo observando, molesto, cómo la gente prosperaba y era feliz . Un mal día, el diablo harto de ver tanta paz y tranquilidad, decidió cambiar un poco las cosas para entretenerse. Así que disfrazado bajó a la tierra y comenzó a instigar a los hombres para que compitieran entre ellos para averiguar quién era el más valiente. La muestra de coraje consistía en desafiar a los dioses.

Cuando por fin se reunió un grupo de «valientes», por instrucciones del diablo se decidieron a escalar la montaña donde ardía el fuego sagrado para bajarlo a la tierra antes de que Los Apus se dieran cuenta. Pero el plan no funcionó bien para los hombres pues Los Apus sorprendieron a mitad de camino al grupo de rebeldes que ascendían cuesta arriba. Y por supuesto, dicha desobediencia tuvo un castigo, pues esta acción demostraba que los hombres ya no eran dignos de la protección benevolente de los dioses ni de todos sus regalos. Así que decidieron exterminarlos a todos.

A la mañana siguiente cientos de pumas que poblaban la montaña del fuego sagrado salieron de sus cuevas, bajaron al valle y comenzaron a devorar a todos sus habitantes. La gente pidió ayuda al diablo, pero él simplemente los ignoró porque ya había logrado su cometido.

Pero Inti, el dios del Sol, lejos de estar complacido con el castigo impuesto por los otros dioses, contemplaba la masacre con tristeza desde los cielos. Y por ello lloró tan amargamente sin parar durante cuarenta días, que sus lágrimas inundaron el valle por completo.

Con los pumas devorando a la gente y el agua de llanto inundando el valle casi toda la población murió, excepto un hombre y una mujer, quienes hicieron una barca de juncos, se subieron a ella y remaron para mantenerse lejos del alcance de los pumas. Cuando cesó el llanto de Inti, el dios sol por fin volvió a brillar. Entonces la pareja de sobrevivientes vio que se encontraban navegando sobre un lago enorme, como resultado de todas las lágrimas derramadas. Y sobre las aguas de este lago podían verse a lo lejos los pumas ahogados transformados en estatuas de piedra.

Fue así que esta pareja llamó al enorme lago «Titicaca» pues  Titi significa gato (puma), mientras Qaqa significa piedra en la lengua autóctona, y esta es la leyenda de cómo llegó a existir El Lago de los Pumas de Piedra, o mejor conocido simplemente como el lago Titicaca.

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