Reflexiones

Bulmaro es un caballo de carga, propiedad de Genaro, un chico de 20 años que vive en su pueblo natal al sureste de Chiapas, al lado de su padrastro viudo. Todos los chicos de la edad de Genaro se han casado ya o se han marchado del pueblo en busca de mejores horizontes económicos.

Sin embargo, el buen Genaro, aunque está harto de trabajar como Bulmaro – solo cargando leña- no se atreve a irse del pueblo ni a hacer algo más con su vida.  Aunque no le agrada vivir en el pueblo, así como tampoco le agrada su trabajo ni la compañía de su padrastro, teme irse, porque piensa que no sabe hacer nada más que cortar leña y cargarla (como Bulmaro). Eso es exactamente lo que su padrastro le ha hecho creer durante los últimos 16 años que han vivido juntos. Además, el pueblo es lo único que Genaro conoce ya que tampoco ha salido de ahí alguna vez. De manera que razona que no sabría cómo sobrevivir sin el viejo.

Entre sus miedos e inseguridades se conforma con la misma rutina diaria: levantarse, masticar algo y salir a cortar y acarrear leña hasta que el sol se oculte. En el fondo, debajo de todas las capas de miedo y de las manipulaciones que ha tejido su padrastro, Genaro esconde una secreta y débil ansia de libertad, aunque no tiene muy claro qué es la libertad. ¿Será poder ir más allá del río? ¿Será cortar leña solo cuando así lo quiera? ¿Será saber qué otra cosa existe en la vida además de trabajar? ¿Será…será que exista la libertad? Y si es así ¿Qué significa ser libre? Bulmaro y Genaro tienen varias cosas en común, entre ellas la ausencia de libertad.

Libertad, una palabra que evoca cero ataduras, la posibilidad de decir, actuar, de moverse en el momento deseado sin miedo a las consecuencias y sin consecuencias adversas.

Lo contrario a la libertad es la esclavitud como todos sabemos. Pero hoy hay una clase de esclavitud a la que muchos seres humanos están sometidos sin saberlo, otros más por voluntad propia. Los expertos en salud mental lo llaman Apego Emocional, que implica cadenas invisibles o lazos que nos atan a personas, sitios, objetos, que generan la voluntad de permanecer en cercanía o en contacto. En su lado más oscuro, el apego emocional nos limita en pensamientos y acciones, porque provoca en nuestro interior un sentimiento de necesidad o de dependencia hacia un objeto o persona, esclavizándonos, impidiendo nuestra autónoma libertad.

Y bueno, después de todo esto tal vez te preguntes ¿Cómo romper con el apego emocional?

Primero hay que entender qué es lo que genera dicho apego: ¿es una persona, un sitio, una situación? Luego analizar qué es lo peor que puede pasar al desprenderse de la fuente de apego, y después, comprender que en la medida de la liberación del apego comenzará entonces la verdadera libertad, la libertad emocional. Recuerda que cuando mueren los apegos nace la libertad. Estimado lector ¿Tienes cadenas invisibles que te hacer depender de algo o alguien? Cuéntame de qué van.

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