Humor

El señor ministro se quejó con uno de los diáconos de la iglesia de que el piso debajo del púlpito rechinaba constantemente cuando él predicaba. Así que le informó de esto al comité del edificio, y se convocó a una junta.

Mientras todos observaban, les demostró cómo rechinaba el piso. Sin embargo, no fue hasta que les enseñó cómo se extendía el problema por todo el podio que la esposa dijo en voz alta:

—Querido, ¡son tus zapatos los que rechinan!

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