El árbol de las preocupaciones (Cuento anónimo)

Un comerciante muy rico contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial de su propiedad. Pretendía venderla por mucho dinero una vez terminados los trabajos de restauración. Como al comerciante le gustaba tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día entero en la casa, para ver cómo marchaban las obras.

Al final de la jornada, se dio cuenta de que el carpintero había trabajado mucho y bastante bien a pesar de que había sufrido varios contratiempos (la sierra se averió, su ayudante no se presentó, su proveedor de insumos no surtió el pedido correcto de barnices y clavos, la escalera se rompió cuando él estaba subiendo el tercer peldaño ocasionándole una caída).

Para completar el día de mala suerte, el auto del pobre carpintero también se negó a funcionar, así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

-Pobre hombre-, pensó el comerciante, -la ha pasado muy mal este día, lo menos que puedo hacer para aliviarle un poco su mal día es llevarle a casa.

El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un árbol sembrado junto a la entrada. Acarició sus ramas durante pocos minutos, cerró los ojos un instante y soltó un suspiro. Después de esto, el carpintero y el comerciante avanzaron hasta el umbral de la vivienda.

Cuando el carpintero abrió la puerta y entró en la casa  parecía un hombre diferente, feliz, el cambio fue radical tan solo al cruzar la puerta.

La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Todos pasaron un rato muy ameno. Al terminar la velada, como buen anfitrión el carpintero acompañó al comerciante a su auto para agradecerle de nuevo el favor de haberle llevado hasta su casa. Cuando pasaron por delante del árbol, el comerciante, intrigado, le preguntó:

– ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar a tu casa estabas enojado y preocupado pero después de tocarlo eras otro hombre. ¿Se trata de un árbol mágico?

– Ese es el árbol de los problemas – le respondió sonriente el carpintero. – Está ahí para recordarme que no puedo evitar los contratiempos o los problemas en el trabajo, pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa. Mucho menos descargarlas sobre mi familia que espera feliz mi regreso. Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones del día y las recojo a la mañana siguiente, cuando voy al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día anterior. 

Esa noche, el comerciante rico aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida, y decidió sembrar su propio árbol de las preocupaciones, justo afuera de su casa. También se prometió a sí mismo dejarle al árbol sus constantes preocupaciones antes de volver cada noche con su familia.

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