Invocación (Enrique Paso)

Te llamo; ven aquí, dulce locura,
mujer fatal que rige mi destino.
Ven y pon, generosa, en mi camino,
la nota de color con tu hermosura.

Tus labios rojos, de sin par frescura,
serían, en la tristeza de mi sino,
lo que es para el sediento peregrino
el agua de una fuente fresca y pura.

Cese, pues, tu rencor, mujer divina;
sobre mi pecho y sin temor, reclina
con languidez tu cabecita loca:

y ya que se terminan tus enojos,
besaré los zafiros de tus ojos
y el madrigal sangriento de tu boca.

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